“Nunca fui Primera Dama” explora la historia de la isla caribeña a través de fragmentos de tres destinos femeninos. Encuentro con la autora Wendy Guerra.
La reconocemos entre miles. Sentada en las escaleras de Montmartre, Wendy Guerra es un extraño pero hermoso espécimen con cabellos color negro ébano que enmarcan un rostro juvenil. Pero no se engañen, esa cubana de 40 años vestida de rojo y negro es parte, desde hace tiempo, de la vanguardia literaria en Latino América, la que llamamos Generación Bogotá 39. Desde sus 17 años, esa eternal habanera publicó varios libros de poesías, y dos de narrativa, cuyo primero, Todos se van recibió en el año 2006 el Premio Bruguera. Con su segunda novela Nunca fui Primera Dama* se amplían sus lectores a través del mundo y se afirma su escritura. “Quería navegar en diferentes aguas. La literatura avanza muy rápido y tenía que poner en práctica esas novedades; de ahí la coexistencia, en mi segunda novela, de los registros románticos y postmodernos, de los diálogos o programas de radio”. Cabe mencionar también la hábil inserción de letras de canciones cubanas y la presencia de artículos de prensa del periodista cubano José Pardo Llada, que murió en agosto 2009. Wendy Guerra juega con los géneros literarios, y eso nos gusta.

Machismo-leninismo. Entre autobiografía y ficción, Nunca fui Primera Dama crea un delicioso revoltijo de destinos cubanos; a través del tiempo y del espacio. Nadia Guerra, la narradora, abandona, después de ser censurada, el programa de radio que anima en La Habana. Su objetivo: volver a encontrar su madre, Albis Torres, que huyó de Cuba cuando Nadia era niña. Ahora está en Moscú, enferma y sin memoria. Aquí empieza entonces para Nadia una verdadera investigación con el objetivo de reconstituir el destino de esa madre desconocida. Como muñecas rusas, el caparazón de Albis Torres deja lugar a otro personaje, histórico y famoso: el de Celia Sánchez, la única mujer que encabezaba un escuadrón de combate durante la Revolución, y gran confidente de Fidel Castro.
Nadia, Albis y Celia; tres voces de mujeres en una sociedad que la autora califica con malicia de “machismo-leninismo”. Su primer libro de narrativa Todos se van, ya describía la sociedad cubana con los ojos de una niña volviéndose mujer. Este tríptico femenino hunde por segunda vez al lector en la intimidad de la isla. La Intimidad de la desesperación y de la espera de días mejores, la intimidad de los sentimientos y de la sexualidad. Intimidad de las idas y vueltas, entre La Habana y Miami, de Cuba a la Ex-Union soviética.
Memoria dispersa. Tres heroínas, tres generaciones, tres países; pero un solo telón de fondo, político y social: el de los cubanos del interior y del exterior. El lector reconstruye el puzle cubano de los años de la Revolución hasta hoy en día. Wendy Guerra prefiere “los aspectos humanos al aspecto político”, pero sabe perfectamente que en una novela cubana, quizás más que en otras, “tiene necesariamente por telón de fondo lo político”. Las pequeñas y grandes historias de cada uno se imbrican en la Historia, la del 1ero de enero de 1959, cuando Fidel Castro y sus tropas tomaron La Habana, o la de la crisis de los misiles en octubre de 1962. Nadia Guerra, la narradora, sumerge el lector en e día a día de los cubanos la noche del anuncio de la renuncia de Fidel al poder. Wendy Guerra, la escritora, nos sumerge en una búsqueda memorial colectiva, la de ese pueblo enfrentado día a día a la
pesada mistificación de la Revolución. “Tuve la idea de hacer este libro en Chile, donde las cuestiones de memoria tienen especial importancia debido al Golpe de Estado de 1973”, confiesa la autora.
Wendy Guerra nos habla de la memoria, el tema central de su segunda novela:
Wendy Guerra desvela con poesía la ruptura generacional que atraviesa la sociedad cubana: mártires del Panteón de la Revolución, héroes caídos de la realidad revolucionaria en los años ochenta y la juventud impotente que la sociedad castrista agobia. Un dialogo difícil entre tres generaciones que sólo un “personaje” reúne: la atmósfera color sepia de las calles de La Habana. “La escritura de los cubanos es neurótica, siempre necesitamos hablar de lo nuestro, de nuestros problemas” observa Wendy Guerra. Nos cuenta que le gusta el título de la novela en francés Mère Cuba, “Madre Cuba”: “me recuerda la relación umbilical que uno tiene con su madre, pero también, en el caso de los cubanos, con su isla”. Promete “hablar menos de Cuba en (su) próximo libro”. Estaba en Marsella durante el mes de septiembre, intentando extraer del Viejo Puerto la inspiración necesaria para su próximo libro. Pero “Marsella se parece muchísimo a La Havana” confiesa. Será difícil cortar el cordón.
Emilie Barraza
* Wendy Guerra, Nunca fui primera dama, Bruguera, 2008, 290 páginas.
Wendy Guerra, Mère Cuba, Editions Stock, La Cosmopolite, 2009, 291 p.