Bérengère Ruet estaba en La Habana para un trabajo universitario. A las autoridades cubanas no les gustó que esta estudiante en sociología del Instituto de Ciencias políticas de París se interesara en el dia a dia de los disidentes. Testimonio de un interrogatorio y de una expulsión.
Quería conocer la realidad cubana de cerca. Bérengère Ruet, de 22 años de edad, estudiante en quinto año de sociología en París, fue víctima de la represión que ejerce el régimen castrista contra las voces disidentes.
“Pasaba una temporada en La Habana para hacer investigaciones sobre el trabajo informal en Cuba, hasta aquella mañana del 15 de abril, cuando un policía vestido de paisano vino a buscarme dónde vivía, a las 9 de la mañana. Tuve que presentarme al puesto de policía de asuntos migratorios donde me hicieron las siguientes preguntas: ‘ ¿Cuánto tiempo lleva usted aquí? ¿Dónde ha estado? ¿Con quién se reunió y de que hablaron? ‘. Reconocí que la gente con quien había hablado tenía posiciones políticas diferentes de las del régimen, pero que no quería meterme en esto. Lugo el policía sacó una lista de toda la gente que había encontrado, y pretendió que tenía fotos mías. Me habló de lugares donde había estado. Pero algunos estaban inventados.
De hecho había sido vigilada probablemente a partir del 10 de marzo, tres semanas después de mi llegada, cuando encontré a un hombre que conducía bicitaxis ilegalmente y había estado en la cárcel. Este hombre me recomendó a Roberto de Jesús Guerra, un sindicalista de los bicitaxis y periodista militante de los derechos humanos en Cuba.
A raíz de este encuentro decidí orientar mi trabajo sobre el tema del cotidiano de los disidentes. Sabía que este tema era arriesgado. Pero no hice más que recoger testimonios sin participar en ningunos de los actos políticos que eran muchos en esa época. Los disidentes conmemoraban entonces la detención de 75 opositores durante la Primavera Negra unos años antes.
Al final del interrogatorio, el policía me dijo ‘esta gente que usted frecuentó son delincuentes que estuvieron en la cárcel. No trabajan y son unos parásitos’. Luego me dio una especie de clase de historia sobre los atentados cometidos contra Cuba, diciendo que esta gente recibía dinero por parte de la CIA y de los cubanos de Miami para causar disturbios en Cuba. Fingí que no sabía nada y el policía adoptó un tono más tranquilizador.
Luego vino otro oficial en uniforme, y menos simpático. Me hizo el mismo interrogatorio y al final otro agente me pidió la fecha de mi salida para Francia y me dijo ‘ vuelva mañana con sus cosas a las 6 de la tarde y volverá a París’. Las autoridades se encargaron de cambiar mi pasaje, inicialmente previsto para la semana siguiente. Tuve que pagar yo los 125 dólares de recargo por el cambio de fecha.
No tuve ningún contacto con el consulado de Francia aunque me percate más tarde que tiene que asegurarse del cumplimiento de los derechos de los ciudadanos franceses en caso de problemas con las autoridades.”
¿Usted se fue con una visa turística. Estaba consciente de los riesgos de hacer un trabajo de investigación en Cuba?
“No estaba muy consciente de esto. Sabía que los periodistas a veces son deportados cuando entrevistan a disidentes, y un policía me había avisado que tenía prohibido realizar cualquier tipo de trabajo periodístico.
Después de mi interrogatorio, tenía 24 horas para salir de la isla. Me obligaron a quedarme en la casa donde me alojaba. Tuve tiempo sin embargo de encomendar mis apuntes a un amigo para que me los reenvíe porque sabía que iban a revisarme en la aduana.
Y fue precisamente lo que pasó. En el aeropuerto el 16 de abril, fecha de mi expulsión me revisaron de arriba abajo. Los aduaneros me cogieron unos apuntes entre los cuales una hoja en la cual un amigo opositor había redactado un poema contra el régimen castrista. También se interesaron en libros sobre la disidencia que había comprado en Cuba. Mi computadora también fue abierta y revisada. Un policía falseó el sistema pero me la devolvió. En París no podía más encenderla. Afortunadamente un amigo informático pudo reinicializarla y recuperar los datos. Los aduaneros habían dañado el disco duro y el sistema de arranque.
La hora de salida de mi avión estaba prevista a las 10 de la noche y finalmente me condujeron a las 10:20 en la puerta del avión. No me notificaron nada sobre alguna restricción de viaje para Cuba, pero supongo que ya no podré volver.
Las autoridades fueron bastante conciliadoras con respecto a mí, me trataron bien, pero lo que me preocupa es que mi detención causó molestias a la señora donde me alojaba. Tuvo una primera visita de la policía un mes después de mi llegada a Cuba. La policía vio mi nombre en el registro de los huéspedes. Le hicieron preguntas sobre mis actividades pero ella no sabía nada. En realidad la policía le había echado un capote para que me denunciara. Y puesto que ella no lo hizo porque no sabía nada, fue acusada de haber frenado una investigación de policía. La pueden multar de 1000 dólares, lo que representa años de salarios en Cuba, y corre sobre todo el peligro de perder su licencia para alojar turistas.”
¿Todo esto cambio tu visión de Cuba?
“Cuando uno está en Cuba de turista, sí se da cuenta de la pobreza, pero no vemos realmente las cosas. No imaginaba que los derechos civiles estaban reprimidos hasta tal punto. Hay un sesgo entra la mayoría de la población – que intenta apañárselas, hacer sus pequeños negocios, y que cree la propaganda, las teorías del complot – y la disidencia. Y en el extranjero la desinformación en lo que concierne a Cuba es muy importante. La oposición en Cuba es reprimida, tiene pocos medios, y sobre todo no quiere depender de nadie, que sea de las ONG, como Amnesty International o de los cubanos de Miami, o todavía menos los Estados Unidos.
Por supuesto existe una imagen de Cuba como Estado socialista que acabo mal pero que tiene sus ventajas, o eso dicen… Tenía yo estas ilusiones yendo a Cuba. En realidad, el país es totalitario. Claro, no hay tanta violencia como en México o en Colombia. Se ha hecho la promoción del sistema de salud y de educación cubano pero no hay medicinas en los hospitales, y los jóvenes, si están contentos con el sistema educativo tienen que trabajar de camarero después de graduarse de médicos.”